España, entre la sumisión y la decadencia

 

Artículo de opinión de Carlos Martínez. Txinparta.org.
 

La situación internacional de España no es un accidente ni el resultado de una mala racha. Es la consecuencia lógica de décadas de sumisión voluntaria a los designios de un imperialismo en decadencia que nos utiliza como carne de cañón y mercado cautivo. Nuestro país, se ha convertido en un mero apéndice del proyecto atlantista, con todas sus consecuencias nefastas para la clase trabajadora.

La falsa autonomía de un gobierno sumiso

Pedro Sánchez y su gobierno representan la quintaesencia de esta política de sumisión. Han convertido la ambigüedad en arte de gobierno. Mientras predican un discurso de paz y progresismo para consumo interno, su práctica diaria es la de un fiel servidor de la OTAN y la Unión Europea. El rearme que propone la OTAN no es un gasto en defensa; es una contribución forzosa a los intereses geoestratégicos de Estados Unidos, que utiliza a Europa como escudo humano en su confrontación con potencias emergentes. Y nuestro gobierno no solo lo acepta, sino que lo aplaude. Esa es la verdad de la que no se habla en los grandes medios: el gobierno de Sánchez es funcional a un imperialismo que nos exprime y nos empobrece.

La guerra en Ucrania ha sido el ejemplo más flagrante. Mientras el gobierno sigue al pie de la letra las consignas de la OTAN y la UE, enviando armas y apoyo a un conflicto que no es el nuestro, el pueblo español paga las consecuencias en forma de inflación, carestía de la vida y deterioro de los servicios públicos. ¿Qué interés tiene España en la expansión de la OTAN hacia el este? Ninguno, excepto el de complacer a Washington. La posición de SyT es clara y coherente: es necesario un alto el fuego negociado que ponga fin a la guerra, y para ello es imprescindible la salida de España de la OTAN/UE y una reorientación de nuestra política exterior hacia la neutralidad y la paz.

La farsa de las alianzas: Estados Unidos, Marruecos e Israel

 Pero la sumisión no acaba en el frente europeo. El gobierno de Sánchez mantiene una ficción peligrosa: la de que Marruecos y Estados Unidos son aliados confiables del Reino de España. Nada más lejos de la realidad. Marruecos, con la complicidad de Washington y Tel Aviv, no solo reivindica la soberanía sobre Ceuta y Melilla, sino que mira con codicia a las Islas Canarias. Su política agresiva, instrumentalizando la crisis migratoria como moneda de cambio diplomático, es una agresión imperialista contra la integridad territorial española. La crisis migratoria de Ceuta no fue un accidente; fue un acto deliberado de presión marroquí, y el gobierno de Sánchez, lejos de denunciarlo, optó por la sumisión y el silencio cómplice. Primero fueron los acuerdos migratorios, luego la defensa de las posiciones de Marruecos en el Sáhara Occidental, y mañana será qué, ¿la cesión de soberanía?

En lugar de defender la soberanía nacional, el gobierno se pliega a los intereses de una monarquía alauita que, junto a Estados Unidos e Israel, conforma un eje de desestabilización en nuestra región. La posición de SyT es nítida: denunciamos esta agresión imperialista y exigimos una política exterior que defienda los intereses del pueblo español, no los de las potencias extranjeras.

La lucha por la justicia: Sáhara y Palestina 

Frente a esta política de sumisión y doble rasero, Soberanía y Trabajo se posiciona con claridad. Apoyamos al Frente Polisario y a las facciones resistentes palestinas en su conjunto. No es una cuestión de simpatía, es una cuestión de coherencia con nuestros principios anticoloniales y de solidaridad internacionalista. Mientras el gobierno de Sánchez reconoce a Palestina como un gesto de buena voluntad, mantiene su apoyo de facto a la ocupación marroquí del Sáhara Occidental. Esa doble moral es indigna de un gobierno que se dice progresista.

Porque la lucha del pueblo saharaui y del pueblo palestino es la misma lucha: la de los pueblos oprimidos contra el imperialismo y el colonialismo. Mientras no se resuelvan estos conflictos, no habrá paz justa ni duradera en la región. Y España, por su responsabilidad histórica con el Sáhara, tiene la obligación moral y política de apoyar su derecho a la autodeterminación, no de venderse a los intereses de Marruecos y sus aliados.

La vida se encarece mientras el gobierno mira hacia otro lado

Mientras todo esto ocurre en el ámbito internacional, en la vida cotidiana de los españoles la situación es desesperante. El acceso a la vivienda se ha convertido en una quimera para la mayoría de la clase trabajadora. Los precios suben sin control, los salarios se estancan y las políticas públicas brillan por su ausencia. El gobierno de Sánchez, en lugar de intervenir para frenar la especulación, sigue las políticas neoliberales marcadas por la UE, que convierten la vivienda en un objeto de negocio para los fondos de inversión y el turismo descontrolado. La ley de vivienda es un brindis al sol que no resuelve el problema de fondo: la falta de un parque público de vivienda masivo y la necesidad de expropiar y poner en alquiler todas las viviendas vacías en manos de los grandes tenedores.

La izquierda sistémica, cómplice del desastre 

Y en este escenario, la llamada "izquierda sistémica" —ese populismo identitario que ha abandonado la lucha de clases— hace la campaña electoral de la derecha sin saberlo o a sabiendas. Mientras se enredan en debates estériles sobre identidades, el PP y VOX recogen los frutos del descontento popular. Porque la clase trabajadora se siente abandonada, y con razón. ¿Qué ha hecho Sumar o Podemos para frenar el encarecimiento de la vida? ¿Qué han hecho para construir vivienda pública? Nada. Han sido funcionales al sistema, cómplices de las políticas que nos empobrecen.

El resultado es que una parte de la clase obrera, desesperada y huérfana de referentes, acaba votando a sus enemigos, a partidos como VOX que, a pesar de su discurso patriótico, son los primeros en alinearse con los intereses de Estados Unidos y la OTAN, y que utilizan el patriotismo como una mera correa de transmisión del imperialismo .

La necesidad de un revulsivo político

La situación es de emergencia, y no podemos permitirnos el lujo del sectarismo ni del infantilismo. Es necesario un revulsivo político que, desde la izquierda, se atreva a decir lo que nadie dice: que necesitamos recuperar la soberanía perdida, salir de la UE y de la OTAN, expulsar las bases militares extranjeras, y construir una economía al servicio del pueblo, no del capital. Soberanía y Trabajo nace para eso: para ser la voz de una clase trabajadora que ha sido traicionada por sus representantes políticos.

No tenemos grandes recursos económicos, pero tenemos la fuerza de la coherencia y el poder de una militancia voluntaria que cree en la necesidad de un cambio. Llamamos a todos los trabajadores y trabajadoras, a los jóvenes sin futuro, a los mayores con pensiones indignas, a los agricultores arruinados por la PAC, a los pescadores ahogados por las normativas europeas, a los autónomos asfixiados por las grandes corporaciones: organizaos con nosotros. Es el momento de recuperar la dignidad y la esperanza. Es el momento de Soberanía y Trabajo.

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